Lunes 15 de Agosto 1898

Las guardias Yanquis ocupan la ciudad en gran número. Su conducta con los indios ha variado mucho desde el día en que pusieron el pié en Cavite. Entonces con rostro muy risueño y ademanes cariñosos les decían á los indios: El español ”malo”. El indio “bueno”. Ahora por cualquier niñería les dan á los indios con la culata en la cara, aunque sean Cabecillas. Hoy mismo por una quisicosa un fornido yanqui ha arrojado á un jovencito mestizo muy bien vestido y con gafas y del puente de España abajo. Afortunadamente la cosa no ha pasado de un sustazo y un remojón. Si se arma por la calle alguna reyerta entre un español y un indio al acercarse la policía yanqui, por descontado tiene toda la culpa el indio, el cual carga con ella y con algunas patadas y culatazos. En su afán de hacer justicia inmediatamente y han llegado los yanquis á disparar su revolver sobre algún indio en medio de la calle. Nunca las guardias españolas habían sabido tratar así á la gente. La guardia civil veterana compuesta de españoles é indígenas continúa prestando sus servicios como antes de la guerra, (…) Se ha sabido con general disgusto que se firmó un armisticio entre España y Estados-Unidos precisamente un día antes de ser entregada Manila.


Domingo 14 de Agosto 1898

Van llegando de las trincheras los cazadores que las defendían y son alojados en las Iglesias de la población que es el sitio en que primero han pensado las Autoridades Españolas una vez cedidos a los Yanquis todos los cuarteles.


Sábado 13 de Agosto 1898

Hoy la plaza de Manila se ha rendido a los yanquis. Las primeras horas del día no anunciaban novedad alguna, (…) De repente se ha puesto en movimiento toda la escuadra yanqui. Los Vapores que estaban de guardia han ido á reunirse con los demás y se han dirigido hacia el fortín de S. Antonio. Cuatro barcos grandes que debían de ser el “Olympia”, el “Boston”, el “Raleig” y el “Baltimore” han cañoneado aquel fortín. Luego la han emprendido contra las trincheras perpendiculares á la línea de la playa, jugando el principal papel en el ataque un Cañonero que debía de ser el “Leyte” ó el “Callao”, En medio del cañoneo ha sobrevenido un fuerte chubasco que nada ha estorbado el ataque, A las cinco cuartos de hora de fuego han juzgado los Yanquis que el campo estaría completamente despejado, por lo cual han suspendido el fuego de los barcos empezando á marchar el ejército de tierra en formación hacia Manila. Nuestras tropas agazapadas en las trincheras que aún quedaban, han sorprendido con dos rociadas de balas á los yanquis que entraban con toda seguridad y que se han quedado parados. En esto el “Olympia” y el Monitor “Monterey” se habían colocado frente á Manila, y este último tenía sus cañones de 30^5 centímetros apuntando á la batería de dos cañones de La Luneta, Ha disparado el “Olympia” un cañonazo sobre nuestras trincheras cuyos soldados han recibido luego orden de retirarse mientras sobre las murallas de la Ciudad se levantaba una gran bandera blanca. La plaza, llena como estaba de gente indefensa, no ha hecho fuego sobre los barcos por no atraer sobre sí las balas enemigas. Ha habido parlamentó en el cual parece que los Yanquis se han mostrado generosos en todas las condiciones, con tal que se les entregue la plaza. Los insurrectos han estado á la mira con ánimo de sacar todo el partido posible de nuestra desgracia. La amistad que mostraban estos últimos días, era la simpatía que por el rico moribundo sienten sus domésticos quienes procuran apoderarse de sus riquezas , antes que de fuera venga otro á tomárselas. Un poco antes que los Yanquis han atacado ellos las trincheras y luego han entrado por la brecha que han dejado abierta nuestras tropas al retirarse. La Vanguardia Yanqui que iba á preparar sitio á los demás se ha dirigido al Observatorio…

(..,) hasta las 6 de la tarde se ha visto pasar por las calles de Manila diversos Cuerpos del ejército español que iban á dejar las armas en la fuerza de Santiago. A las seis la bandera española que coronaba esta fortaleza ha sido arriada, siendo izada en su lugar la bandera Yanqui. Los Yanquis que estaban en la fuerza han saludado la bandera con el grito de “urra”  y una banda de música ha tocado el himno nacional delante de la bandera en el paseo entonces solitario de María Cristina (…).

Las trincheras de la parte de Binando y Sta Mesa, continúan defendidas por nuestras tropas mandadas por el GraL Monet y el Coronel Carbó. Hay por aquel lado mucho tiroteo y mañana abandonarán los nuestros aquellas posiciones para que las ocupen los yanquis si les viene en gusto.

Las bajas se calculan en 400 por nuestra parte, y 2,000 por la de los Yanquis. Es probable que estas cifras sean exageradas como de primera impresión (…). Al caer la tarde se ha embarcado con su familia para Hong Kong el General Augustin.

Today the plaza of Manila surrendered to the Yankees. The early hours of the day gave no new signs at all. The Boston was guarding off Parañaque, the Petrel and McCallouch off the mouth of the river. The rest of the squadron was idling off Cavite. It must have been about 9:00 when we saw sailing into the bay a merchant vessel flying the German flag. Someone said it must have been the boat bringing peace, and secure in this, we positioned ourselves to watch it as she entered the bay. She was signalled off Cavite where she was heading, and turned back to join the rest of the German squadron near Pampanga. All of a sudden the entire Yankee fleet was in motion. The boats keeping guard sailed away to join the rest and headed towards Fort San Antonio Abad. Four big boats, which must have been the Olympia, Boston, Raleigh, and Baltimore, cannonaded that fort. Then they aimed at the trenches perpendicular to the beach . . . . During the attack, a heavy squall fell, but without disturbing the bombardment in any way. After five quarters of an hour firing, the Yankees thinking the field was already fully cleared, ceased firing their guns, while the land forces began their march towards Manila. Our troops crouched in the trenches still remaining intact surprised with a shower of bullets the Yankees who confidently came and were stopped in their tracks. At this moment, the Olympia and the monitor Monterey had moved themselves in front of Manila, the latter with her 30.5 cm. cannons pointing at the battery of two cannons on the Luneta. The Olympia fired a cannon shot over our trenches, where the troops subsequently received the command to retreat, while over the walls of the city a huge white flag was being hoisted. The plaza, filled as it was with noncombatants, had not fired at the ships lest it draw enemy fire. A parley followed during which apparently the Yankees have shown generosity in all the conditions, provided the plaza be surrendered. The insurgents have watched from the sidelines, intending to take all possible advantage of our disgrace. The friendship shown these past few days was that which his domestics feel for a dying rich man, and who seek to take possession of his riches before others come to claim them. Ahead of the Yankees, they had attacked the trenches, and later entered through the breach left open by our retreating troops. The Yankee vanguard which came to prepare the ground for the rest went to the Observatory, asking Fr. Algue if they could lodge there. Father answered politely he did not think so since the ground floor was filled with refugees, and mainly because if the city resisted anew (for the result of the parley was not yet known) the Observatory despite being a building of an international character would be a target of the cannons of the plaza. Accepting the explanation, they asked Father if there was a place where they could shelter themselves, and he indicated the volodrome. Within a few minutes, some insurgents came to the Observatory, and very politely asked the Father’s permission to put by the window grating the insurgent flag, lest the Yankees claim the building. While Father was trying to dissuade them from it, others proceeded to place it nonetheless. Two lieutenants ordered a soldier to remove it, and on obeying, he was rattan-whipped and the flag remained where it was.

[From the time of the noon meal] until 6:00 in the evening, one could see various units of the Spanish army passing through the Manila streets going to deposit their arms in Fort Santiago.  At 6:00 the Spanish flag which used to crown this fort was furled, in its place the Yankee flag was hoisted. The Yankees who were present in the fort saluted their flag with shouts of “Hurrah!” and a music band positioned at the time of the solitary passage of Maria Cristina played their national anthem before the flag. -— Since the Yankees have taken possession of all the barracks, the Spanish authorities cannot find sufficient place to lodge the troops who are retreating to Manila. The former have filled some churches, and our church, too, if we had not offered them a place in the Ateneo, where the native Regiment No.73 and two artillery companies have stayed.

The trenches along Binondo and Santa Mesa are still being defended by our troops under the command of General Monet and Colonel Carbo. There is plenty of shooting in that part and tomorrow ours will abandon those positions that the Yankees may occupy them if they wish.

Today’s casualties are calculated to total 400 on our side, and 2,000 on the Yankee side. Probably these numbers are exaggerated from first impressions. The family of Gen. Augustin boarded the ship for Hongkong at sunset.


Viernes 12 de Agosto 1898

(…) Todo sigue con gran tranquilidad y aún hay quién dice que es imposible un bombardeo desde el momento que las potencias Europeas reunidas en Berlín han declarado que se opondrían á la anexión de Filipinas á los Estados Unidos.

Everything is quiet and there is even someone who says a bombardment is impossible from the time the European powers sitting together in Berlin have declared they would oppose annexation of the Philippines by the United States.


Jueves 11 de Agosto 1898

A los yanquis parece que se les ha pasado las ganas de cumplir sus amenazas pues en todo el día no se han movido de sus puestos. (…) Dícese que el entorpecimiento en las operaciones se debe á las lluvias torrenciales que han inundado los campos por donde han de atacar los yanquis. Reina mucha paz en las líneas de defensa de noche y de día.

Apparently, the Yankees’ desire to carry out their threat has passed, for they have not budged from their position all day long. They say their operations are being disturbed by the torrential rains which have flooded the fields where the Yankees were going to advance.


Miércoles 10 de Agosto 1898

En todas las notas que han pasado los yanquis al Capitán Gral. estos días pasados, ha dominado la idea de suplicar al Gral. que capitule para evitar los efectos desastrosos del bombardeo. (…) Las noticias de estas súplicas de los yanquis parece que levanta algo el abatido espíritu de la gente, pues algunos hay que dos días atrás optaban por la rendición á quienes ya les parece mejor la resistencia. No ha habido bombardeo, gracias a Dios. (…) Las trincheras insurrectas que rodean á Manila están coronadas de banderas blancas. Los P.P. Clotet y Martínez que han ido á Sta. Ana, han sido testigos del amigable consorcio en que viven leales é insurrectos por aquel lado.

In all the notes passed on by the Yankees to the captain general these past days, the dominant theme was a request to capitulate in order to avoid the disastrous effects of a bombardment. The Yankees have strongly insisted they do not want to shed blood, that in any case they would do so against their will, that the extremely high sense of military honor of our armed forces was such that it cannot be stained by an honorable surrender after three-and-a-half months’ siege. News of these Yankee requests seems to have eased a bit the demoralization of the people. There are some who two days previously opted for surrender to those they perceived to be stronger. Thank God, there has been no bombardment. The two Yankee ships which have been detailed to guard the mouth of the river from afar have changed anchorage and approached the plaza. The insurgent trenches around Manila are crowned with white flags. Frs. Clotet and Martinez who have gone to Santa Ana have been witnesses to the friendly relations among the loyal Filipinos and the insurgents there. This very morning, the leader Pio del Pilar was in our villa house, visiting Sr. Acevedo, the commander of the militia volunteers from
Bayambang. The latter, at the same time that he shows his loyalty, is the object of Aguinaldo’s and his men’s sympathies, and he is even rumored to have been named lieutenant general. A Yankee Catholic priest, chaplain of the Pennsylvania Regiment, came to speak with the archbishop and the captain general. Fr. Simo was his interpreter before the archbishop. He regretted that the intransigence of the Manila authorities may force the Yankees to inflict a mortal blow to the population. He told us some of the chief officers of the Yankee army are Catholics, among them Commodore Dewey, Anderson, and others; that in his regiment there are 700 Catholic soldiers who made their confession and received holy communion a few days ago.


Martes 9 de Agosto 1898

No hemos sido bombardeados como nos temíamos. Ha dicho (R. P. Superior) que era seguro que veríamos arriar la bandera Española é izar la yanqui (…). La bahía se ha despejado durante la mañana, dirigiéndose unos barcos á Mariveles, otros á Bulacán y otros á Cavite. Dos barcos yanquis, el ”Mc.Culloc” y el ”Concord” se han puesto de guardia frente á la bocana del río. Hoy y ayer se han celebrado bajo la presidencia del Capitán Gral. juntas de autoridades y de Generales. Se han abandonado las trincheras de S. Juan del Monte retirándose las avanzadas a Sta. Mesa. Las calles de la ciudad están desiertas; solo se ven en ellas soldados, chinos y batas.

Now we were cannonaded as we feared. Today and yesterday, the Board of Authorities has met under the presidency of the general.

The trenches at San Juan del Monte have been abandoned, the troops retiring to the advanced position at Santa Mesa. The Manila streets are deserted, only soldiers, Chinese, and children appear.


Lunes 8 de Agosto 1898

Con una ansiedad parecida á la del reo en capilla, es esperado por todos el día de mañana. Muchas señoras se embarcan á pesar del mucho oleaje que hay en la bahía. El Gral. publica un bando dando órdenes oportunas para la defensa de la plaza y señalando sitios de refugio durante el bombardeo á la gente de la cuatro zonas en que según el bando queda desde hoy dividida la ciudad murada, prohibe andar en coche excepto á los médicos, á los sacerdotes que lleven el Stmo. Sacramento y algunas de las primeras autoridades. (…) Parece que el Gral. ha pedido á los yanquis 6 días de plazo para consultar al Gobierno sobre la situación actual y los yanquis no han accedido, extrañándoles mucho que no tenga el general facultades suficientes para obrar por si y sin necesidad de consultar al Gobierno.

The general issues specific ordinances for the defense of the plaza and assigning places of refuge during the bombardment for the people of the four zones into which, according to today’s ordinance, the walled city is divided. Carriages are forbidden except to the doctors, the priests who are bringing the Blessed Sacrament, or some of the first authorities. It seems the general has requested for six days delay to consult the [home] government about the present situation, but the Yankees have refused. They are surprised the general does not enjoy sufficient powers to decide by himself without the need to consult his government.


Domingo 7 de Agosto 1898

Esta mañana les ha llegado a los yanquis un barco mercante con bandera inglesa que parece traía pliegos oficiales del Gobierno de Wasington (sic). A las 12 horas visita al Gral. el Vice Cónsul inglés y el Cónsul Belga, Traía el Cónsul inglés un pliego firmado por Dewey y Merrit, cuyo contenido era poco más o menos el siguiente: pudiera ser que dentro de 48 horas atacáramos la plaza por mar y tierra. Se lo decimos a usted con esta anticipación para que tenga tiempo de poner á salvo la gente indefensa. El Gral. ha contestado á los yanquis que bien sabían ellos que no podía sacar de la plaza á la gente indefensa por estar los insurrectos casi á las puertas de Manila. El Cónsul Belga que traía en el bolsillo las condiciones de la capitulación por si el Gral. hubiese deseado conocerlas, se las ha guardado sin decir palabra al oír la respuesta de este. La noticia del próximo bombardeo ha corrido como un rayo por la ciudad, y toda la gente se ha aprestado como podía á la defensa. Los militares no descansan un momento acarreando carros de pólvora y balas de cañón y aprestos de guerra.

This morning, a merchant vessel with the English flag seems to have brought to the Yankees official letters from the Washington government. At noon, the English vice-consul and the Belgian consul visited the captain general. They were bringing an official dispatch signed by Dewey and Merritt, whose message was more or less as
follows. It is possible within forty-eight hours we would attack the plaza on land and by water. We forewarn Your Excellency that you may have time to evacuate to safety the civilian population. The captain general answered the Yankees knew fully well they could not evacuate the civilians because the insurgents are almost at the very doors
of Manila. The Belgian consul who brought in his pocket the peace conditions in case the captain general would want to know them kept quiet on hearing the latter’s answer. News of this next bombardment spread like lightning through the city and all the people prepared for the defense. The military do not stop for one moment bringing in chariots of gunpowder and cannon shot, and other war materiel. It seems Commodore Dewey was surprised at the unexpected destitution of Gen. Augustin who, five times, had refused his attempts for a parley, telling Dewey to do what he intended as he himself knew what to do.