3.º día (5 de Mayo [1882]–Viernes)

Estoy muy mareado. Dormí–Vi algunos pájaros bobos grandes; esto me divertió algún tanto.

A la hora del almuerzo nos sentamos. Alentéme a probar bocado; lo hice bién. Al final del almuerzo aparecieron los bajos de que un mozo me habló. Se llaman los bajos de la Plata. Distan de Manila 440 millas; esto es que estamos a la tercera parte del camino. Se parecen a unas fajitas blancas de lejos.

Estoy menos mareado. Me encuentro mejor . . . En la comida no me estuve tan mal. Ligera lluvia al descender el sol.

Hoy he contado los chiquillos y me parece que son doce; las señoras, cinco; los hombres, unos diez. Los chiquillos hacen mucho ruido.

Esta noche estuvieron en conversación los Sres. Barco, Morlán, Pardo, Buil y otros. Se habló mucho del Gobierno en Filipinas. La censura corrió como nunca. Vine a descubrir que todos en mi pobre país viven con el afán de chupar la sangre al indio, así frailes como gobernantes. Excepciones habrá como ellos dicen, pero muy raras. De aquí el que se originen grandes males y enemistades entre los que se disputan el mismo botín.

–“He sido muy franco,” dijo Morlán, “y esto les he demostrado a todos ellos. Yo no hablo de su moralidad privada pues sólo hablo genéricamente.”

–“Es el caso,” contestó Pardo, “que de tres días a esta parte V. no ha hablado bien de nadie.”

Esto le pareció mal al Sr. Morlán y hubo una discusión que tomaba mal viso. Parecía que iba a concluir mal. Iba a llevarse la cuestión a insulto. En fín, no hubo nada. paulatinamente se separaron para dormir.

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