11 Junio 1883

Rizal y Antonio (Paterno) que estuvieron ayer en el Retiro me trajeron flores y me dijeron que fuera, pero no ··he ido porque iban esas muchachas y no quiero verme en la precisión de hablarlas.

Me dijo Rizal que se vá el viernes a París para distraerse, para curarse de una enfermedad adquirida hace. un año. Que él ha visto a otros que se han engañado por la amabilidad con que han sido tratados y que tiene miedo le pase igual; que se enamoró otra vez y que le parecía que le iban a aceptar y que de pronto le dejaron chasqueado. Ahora es distinto porque ella es de otra clase mucho más superior.

–Tengo-me dijo-demasiadas aspiraciones.

–El hombre siempre debe tenerlas.
–Sí; pero cuando son tan altas son ridículas.
–Nunca es ridícula una aspiración cuando el fin es bueno y tampoco creo que se haya Vd. fijado en la luna.
–No; pero es tan difícil, que sé que no admitirá más que a uno de un gran nombre o de una gran posición.

No le contesté. ¿Que podía decirle? Si le daba una es- peranza, decirle luego que no, sería un crimen, y quitársela toda no tengo bastante fuerza de voluntad, porque a pesar de todo, me gusta.
–Dígame Vd. que quiere para París.
–Nada, que se divierta Vd. mucho.
–Ya sabe Vd. que voy a estudiar el francés, y lo que procuraré será curarme y si no lo consigo, seguiré la corriente. Tengo con Lete concertada una tregua para cuando llegue el verano.

–En él estamos–le dije.
–¿Cuando acaba? (debió referirse al verano)
–En Septiembre.
–Pues al día siguiente de acabar.
–¿En Octubre? pregunté comprendiendo lo que quería decir.

–Sí.

–¿Y qué es, en qué consiste?

–Perdone Vd. pero como es de Lete también, no lo puedo decir.

–No lo diga Vd. entonces.

Rizal and Antonio (Paterno) who were at the Retiro yesterday brought me flowers and they told me to go there, but I haven’t gone because those girls go and I don’t want to be obliged to speak with them.

Rizal told me he was going to Paris to distract himself, to cure himself of an illness contacted a year ago. Then he has seen others deceived by the amiability with which they have been treated and he was afraid the same thing might happen to him; that he fell in love again and it seemed to him that he was going to be accepted and soon he was disappointed. Now it’s different because she belongs to a much higher class.

“I have,” he said to me, “too many aspirations.”

“Man must always have them.”

“Yes; but when they’re too high they’re ridiculous.”

“An aspiration is never ridiculous when its end is good and neither do I believe that you have aspired for the moon.”

“No; but it’s so difficult that I know it will accept only one with a great name or high position.”

I didn’t answer him. What could I say to him? If I gave him hope, then later to tell him “no” would be a crime; and I haven’t enough willpower to take all hope from him, because, despite everything, I like him.

“Tell me what you want from Paris.”

“Nothing, may you enjoy much.”

“You already know that I’m going to study French, and what I’ll try is to get curried if I don’t succeed. I’ll follow the currant. Lete and I have concluded a truce for the summer.”

“We’re in it,” I said to him.

“When does it end?”

“In September.”

“Then on the day following, the end.”

“In October?” I asked, knowing what he wanted to say.

“Yes.”

“And what’s it, in what does it consist?”

“Pardon me, for as it’s Lete’s also, I can’t tell you.”

“Don’t say it then.”

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