2 Abril 1883

Rizal me empezó a decir:–doy a Vd. la enhorabuena– pero no le saqué más que frases ambiguas.

En esto Lete pudo sentarse a mi lado y me dice:

–Ahora, vamos nosotros a ajustar nuestras cuentas. Estoy muy escamado con el filósofo (así llama a Rizal).

–¿Por qué?

–Porque está muy asiduo con Vd. esta noche. ¿No ha notado Vd. cierto cambio en él?

–Yo no.

–Pues lo ha sufrido muy grande; el otro día me dijo: ¿No sabes que me vá gustando Consuelo?

–¿Sí? pues me alegro,–le contesté–y ayer fuí a su casa y estaba escribiendo unos versos. ¿Para quién son esos versos?-le dije.

–Para un periódico de Filipinas.

–¿Estarán inspirados en los ardientes rayos de los ojos de Consuelo?

–Chico–me contestó–yo no necesito inspirarme.

–¿Qué le parece a Vd.?
–Que Vd. exajera, no creo que tenga tales intenciones.

–Es muy ladino, no le conoce Vd.

Yo me reía interiormente, porque todo eso me lo sé de memoria.

(Sigue aquí un largo diálogo con Lete)

En esto, viene Esteban Villanueva (pintor filipino pensionado por el municipio de Manila, que falleció no hace muchos años en Alicante recojido por una familia de aquella capital, solo y abandonado por el país. Nota de E.-de L.) y le dice a Lete: Ven a cerrar la puerta que me voy. Él fue pero al marcharse se llevó la silla. Vino Rizal con mucha guasa y me dice.-Diga Vd. Consuelo, ¿por qué se lleva la silla Lete?

–Pregúnteselo Vd. a él.
–Luego–le dijo Lete–te daré la explicación.
Después, me dijo Rizal–Esta noche muchos van a padecer del pulmón y del corazón.
Entonces Lete me dijo.–Comprenda Vd. del pulmón por el juego (se jugaba a las cartas), del corazón, por Vd.
–Y ¿Por qué darle esa interpretación?
–Porque es la suya.
Fui luego a coger unas monedas de cobre que tenía Antonio (Paterno) sobre el trinchante y al sorprenderme él, dije: -¡qué mala ladrona soy!

–Puede Vd. serlo de eso–me dijo Rizal, pero de otra cosá no.

A Lete le sentó esto como un par de banderillas, y estu- vieron él y Rizal toda la noche de pique.

Nos pusimos a jugar Antonio (Paterno), Rizal y yo al tute y éste empezó a decirme cosas pero siempre tortuosamente hasta que le dije que tenía una cosa que no me gustaba y era que él es muy poco franco.–Habla Vd. de una manera que es necesario entenderle mucho para poderle comprender, y yo espero que con el tiempo entenderé a Vd. Él se puso serio, se pasó la mano por la frente y me dijo: Vd. sabe demasiado lo que quiero decirla, pero no hay mejor sistema para no contestar que el hacer preguntas; pero ya que Vd. quiere que yo se lo diga claro, dígame Vd. si es verdad que el que venga después llega tarde.

–Qué ¿han dicho que lo he dicho yo?
–No; nadie podría decirlo.
–Entonces, es que Vd. me pregunta si el que venga detrás llegará o no tarde?
–Si yo dijera a Vd. eso, tendría que contar a Vd. muchas cosas de mi vida íntima que no he dicho a nadie.
–Tiene Vd. razón, y le pido me dispense, pero como estan amable, por eso me he atrevido.


Rizal began to tell me: “I congratulate you,” but I got only ambiguous phrases from him. At this point Lete was able to sit beside me and said to me:

“Now we are going to adjust our accounts. I’m very much irritated by the philosopher.” (That is what he calls Rizal.)

“Why?”

“Because he is very attentive to you tonight. Haven’t you noticed a certain change in him?”

“I? No.”

“Well, he has suffered it greatly; the other day he told me, ‘Don’t you know that I’m getting to like Consuelo?’”

“‘Yes? Then I’m glad,’ I replied, and yesterday I went to his house and he was writing some verses.”

“For whom are those verses?” I asked him.

“For a newspaper in the Philippines.”

“Are they, perchance, inspired by the ardent rays of Consuelo’s eyes?”

“Chap,” he replied, “I don’t need to be inspired.”

“What do you think?”

“That you exaggerate; I don’t believe I’ve such intentions.”

“He’s very clever; you don’t know him.”

I laughed to myself, because I know all that by heart.

(Here follows a long dialogue with Lete.)

At this point Esteban Villanueva comes and says to Lete:

“Come and close the door for I’m leaving.” He went but on leaving he took the chair with him. Rizal came full of jest and said to me:

“Tell me, Consuelo, why does Lete take away the chair?”

“Ask him.”

“Later,” Lete said to him. “I’ll explain.”

Afterwards, Rizal said to me: “Tonight many will suffer from the lung and the heart.”

Then Lete said to me: “Understand ‘from the lung’ for gambling; from the heart, for you.”

“And why give it that interpretation?”

“Because it is his.”

I went later to get some copper coins that Antonio (Paterno) had in his vest pocket and when he surprised me, I said: “What a poor thief I am!”

“You can be sure of that,” said Rizal to me, “but of another thing no.”

This vexed Lete and he and Rizal were peeved all night long.

We – Antonio, Rizal, and I – arranged ourselves to play tute and Rizal began to tell me things always circuitously until I told him that he had something that I didn’t like and that is he was not frank enough.

“You speak in such a way that it’s necessary to think a great deal to be able to understand you and I hope that in time I’ll understand you.”

He became serious; he put his hand to his forehead and said to me: “You know very well what I want to tell you, but there’s no better system of avoiding answering then to ask questions; but since you want me to tell you plainly, tell me if it’s true that one who comes afterwards arrives late.”

“What! Have they said that I said it?”

“No; nobody would say it.”

“Then, you ask me if he who comes behind arrives late.”

“Yes, that’s it.”

“If I were to tell you that, I would have to relate to you many things in my intimate life that I’ve told nobody.”

“You’re right, I ask you to excuse me, but as you’re so amiable, I’ve dared”

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